Una reserva de 20 leguas en Tierra del Fuego, produciría el ganado vacuno más que suficiente para proveer de carne fresca a los presidiarios, en condiciones mucho más económicas que en Buenos Aires, mientras que las legumbres y especialmente las papas, se podrían cultivar en la misma Isla, donde los ensayos practicados al efecto por la Subprefectura de San Juan, dieron resultados satisfactorios".

Cierra Popper su fantasía penológica con una afirmación, tan rotunda como inconsistente: "Con el establecimiento de un presidio en la Isla de los Estados, se obtendría, en fin, una considerable economía para el Erario y la valorización de miles de brazos improductivos, que servirían para fomentar nuevas y provechosas industrias para el país".

Como buen visionario, Popper prescinde de los condicionamientos y limitaciones que hasta hoy imponen una naturaleza indomable y una realidad social mal conocida. Olvida -¿o desdeña?- las observaciones científicas de la época sobre la Isla. Pocos años antes, en la exploración que efectúa en febrero de 1885 Federico Mouglier anota en su Diario de viaje: "El clima de Los Estados no es soportable para los seres humanos, lo demuestran las observaciones meteorológicas que tenemos a la vista, no hay un solo día en el año que no haya llovido o nevado, agregado a una temperatura que raras veces ha pasado de 12º sobre cero en verano y que fluctúa en invierno entre los 5º y 15º bajo cero".

Empero, la fascinante idea de Popper recoge adhesiones. Juan Manuel Eizaguirre escribe en el diario Sud América: "Últimamente se habló de un proyecto muy acertado: hacer un presidio en ella. Esta es una idea que debiera llevarse a la práctica inmediatamente". Hasta el proyecto del Código Penal de Norberto Piñero, Rodolfo Rivarola y José Nicolás Matienzo, presentado al Poder Ejecutivo en junio de 1891 -días antes de la conferencia de Popper- en su sistema punitivo incluye la pena de presidio, a cumplir con trabajos forzados en alguna de las islas del sud (Art. 15) y la pena de deportación, consistente en la relegación por tiempo indeterminado en la Isla de los Estados u otra que se destine al efecto.

En realidad los primeros penados llegan a la Isla de los Estados con la División Expedicionaria al Atlántico Sur, comandada por el Coronel de Marina Augusto Lasserre (1826-1906), que tiene como misión principal, o por lo menos ostensible, establecer un faro y una subprefectura en la Isla y otra en Tierra del Fuego. Proceden de la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires. El propio Lasserre los escoge de justicia e instrucción pública los pone a su disposición. "(...) con el objeto de ser empleados en los diversos trabajos que se originan en las subprefecturas de Tierra del Fuego e Isla de los Estados y cumplir allí sus respectivas condenas".

A partir de entonces iniciase un envío selectivo de penados militares -los primeros no lo son-, para ser empleados en los trabajos más rudos y penosos de la subprefectura que Lasserre dejara instalada, junto con el faro, en San Juan de Salvamento. Así, por ejemplo, a comienzos de 1889, el Consejo de Guerra condena a l contramaestre Bayona, de la corbeta Chacabuco, por heridas al cabo de cuarto y al oficial de guardia, a diez años de presidio, que deberá cumplir en la Tierra del Fuego o en la Isla de los Estados. En noviembre de 1893, el Poder Ejecutivo dispone que la Comisaría de Marina "(...) entregue el racionamiento que corresponde a cuatro presidiarios (...) debiendo en lo sucesivo incluirlos en el racionamiento que se suministra a la Prefectura Marítima de la Isla de los Estados".

En 1894, no obstante la existencia del Presidio Militar de Puerto Santa Cruz, regístranse cuatro casos en los que se conmutan otras tantas penas de muerte por diez años de presidio en la Isla de los Estados. Por fin, para regularizar el aspecto administrativo de la presencia de condenados militares en la isla y de sus familias, el 9 de abril de 1895, un decreto del Poder Ejecutivo autoriza a la Comisaría de Marina "(...) para que, conjuntamente con el racionamiento y vestuario que se provee al personal de la Isla de los Estados, se entregue el que corresponda a los presidiarios que cumplen condena en dicha Isla, de conformidad con las planillas adjuntas por los meses de febrero y marzo ppdo., debiendo adoptarse este procedimiento en lo sucesivo, a cuyo efecto el Señor Subprefecto pasará mensualmente una planilla igual a las familias de los presos; para efectos del racionamiento, deberá considerarse, para cada persona mayor una ración, y para cada dos menores una sola, sin uniforme".

 

Novedades

Descargas