MUSEO del PRESIDIO de USHUAIA

 

 

Los invitamos a caminar por los pasillos estrechos, asomarse a las celdas para imaginar cómo habría sido la vida en la cárcel.
Los condenados más peligrosos del país perdían su nombre por un número.
Atravesar las puertas del Pabellón histórico es dar un paso atrás en el tiempo.
Algunos alcanzaron gran notoriedad como el múltiple homicida Mateo Banks al que llamaban “el místico” o Cayetano Santos Godino tristemente conocido como “el petiso orejudo” y el anarquista Simón Radowitsky.
Puertas adentro, se imponía una severa disciplina. Los que tenían buen comportamiento realizaban trabajos fuera del edificio como la explotación forestal en los bosques al que llegaban en el tren desde el centro de la ciudad. A través de los talleres, los presos cubrieron todas las necesidades de la incipiente ciudad. Construyeron las calles, los puentes y edificio públicos y en el presidio funcionó la primera imprenta, el teléfono, la electricidad, entre otros servicios esenciales.

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